Junto con la asignatura de Plástica, que me traía de cabeza en mis años de la ESO, definirme es lo que peor se me da del mundo.
Cuando nos juntamos gente del vino y alguien me tiene que presentar es un momento incómodo. No está muy claro para quien vendimio.
Yo sonrío por dentro. Definirse es buscar un atajo.
Mi padre nunca me enseñó a podar, pero me dio la lección más importante de viticultura.
Después de hacer la peor poda jamás registrada y alguna otra cosa poco digna de orgullo salí de casa.
Tendría que hacer números, pero fueron unos 6 años dando vueltas con mi coche por Europa. Siempre llevaba conmigo una almohada, una garrafa de AOVE y dos cajas de vino. Cada vez que lo recuerdo con mi madre nos saca una sonrisa.
También estuve en USA y en Chile. Que jaleo lo del visado para irte, oye. De Oregon me llevo parte de la mentalidad americana. Algo que todos deberíamos tener. De Itata me llevé un estilo de vida contemplativo. Algo que todos deberíamos tener.
He trabajado con gente que admiro. Cualquiera hubiera dicho «he tenido la suerte de trabajar». Me parece absurdo. Si crees que has tenido «suerte» no estás preparado para lo que se te viene en nuestro sector del vino.
Otras veces he salido a palos. Palos metafóricos, pero palos. Ni todas las añadas son excelentes ni yo soy perfecto. Puede que por eso hoy mi jefe esté escribiendo estas líneas.
Como ya te he dicho arriba, definirme es muy complicado. Lo más fácil es que me dejes tu email al final de esta página. Ahí vas a salir de dudas. Solo ahí.
El libro de referencia mundial sobre el cuidado del viñedo. Ahora, en español.
Suscríbete a la Newsletter
AVISO. Si tienes la viña sin una sola hierba puede que esto no sea para ti.